Mario Giannetti
Lo que voy a exponer a continuación no tiene la pretensión de ser la verdad. Tampoco pretende ser una panacea virtuosa que traiga la solución al problema, sólo trata de ser un aporte a la reflexión ideológica necesaria para la recuperación de objetivos y caminos de acción para la democracia cristiana chilena y de América y el Caribe.
Para conseguir esos objetivos, debemos estar insertos en el mundo actual y en los problemas de hoy, con la visión de hoy, pero sin perder lo que los aficionados al análisis sistémico, llamamos la “línea fundadora”
Las organizaciones –los partidos, el partido en este caso- pueden y deben modernizarse, pero no deben perder jamás –para no dejar de ser- su línea fundadora. Esa línea fundadora está marcada por el hecho de que nacimos y crecimos insertos en una interna de la Iglesia. La línea fundadora indica que quienes asumieron la tarea de hacer partido y política social cristiana optaron por el sector emergente, por el sector que planteaba objetivos sociales nuevos a la Iglesia y que en ese momento era el sector minoritario dentro de ella. Al menos en los altos estamentos jerárquicos, que más adelante ganaron solo parcialmente.
Es importante –al hacer esta puntualización- tener presente que el mensaje evangélico llegó a nosotros junto a los conquistadores –a los arcabuces, corazas y caballos, a las encomiendas y la búsqueda del oro-, que ese mensaje nos fue impuesto desde arriba hacia abajo, sin la participación de la base social, del pueblo indígena. Eso ha creado un valor cultural –una forma de constitución del valor cultural- que indirectamente hace a la comunidad –de alguna forma- dependiente de él.
La Democracia Cristiana, que naciera en Italia en 1919 fundada por el sacerdote Luigi Sturzo, bajo la denominación Partito Popolare Italiano PPI, poseía dos características determinantes.
La primera era que constituía una corriente social interna dentro de la Iglesia, que tenia una interpretación de la llamada “doctrina social de la Iglesia” y la otra es que representaba –políticamente- lo que el mismo Don Sturzo –su primer Secretario General hasta 1923-, afirmaba "El Partido Popular ha sido impulsado por aquellos que vivieron la Acción Católica, pero ha nacido como partido no católico aconfesional, como un partido con un fuerte contenido democrático, y que se inspira en la idealidad cristiana, pero que no toma la religión como elemento de diferenciación política"
Se trata de algo para pensar, para sopesar la realidad de entonces, el entorno en que se constituyó el PDC, para así entender que es “línea fundadora”, por eso es algo detallado.
Revisando la historia
La Democracia Cristiana es un partido nacido del seno de la Iglesia Católica, es una respuesta de una parte importante de ésta al marxismo, a la revolución soviética de 1917. Digo que es la respuesta de una parte de la Iglesia porque la otra –la retrógrada, la apegada a la “letra” teológica- sólo utiliza la condena y la reacción frente al marxismo.
Los pasos de la Iglesia en la época los podemos enmarcar en la producción de las Encíclicas Sociales, que había iniciado el ex alumno de los jesuitas de Viterbo, León XIII con la Rerum Novarum en 1891y que significó una visión distinta de la cuestión social.
En ella denunciaba la servidumbre y virtual esclavitud a la que sometían a los pobres «un puñado de gente muy rica» y reclamaba salarios justos y el derecho de los trabajadores a organizar sindicatos.
León XIII no era un audaz reformador social y rechazaba firmemente al socialismo. No creía en la democracia. Para él las clases sociales y la desigualdad, eran características propias de la condición humana, al igual que el derecho de propiedad. Condenó al socialismo por entenderlo sinónimo del odio y el ateísmo. Era un Papa que realizó una aproximación de la Iglesia a las realidades del mundo moderno, tomó decisiones académicas, como la fundación de un nuevo instituto para el estudio de la filosofía y la teología, un centro de estudio de las Escrituras y –lo más “revolucionario” para la Iglesia de esa época- un centro astronómico. También permitió que se abrieran los archivos del Vaticano, tanto a los estudiosos católicos como a los no católicos.
El largo pontificado de León XIII produjo en la Iglesia una fuerte pugna interna entre aquellos que buscaban la renovación y aquellos que querían quedarse en el pasado.
A su muerte le sucedió Pío X, un hombre de humilde origen y por lo tanto decidido conservador, tanto social como política y culturalmente. El cardenal Giuseppe Melchiorre Sarto fue elegido papa el 4 de agosto de 1903 y murió 21 de agosto de 1913. Pío X logró imponerse como segunda opción, luego de que Jan Puzyna de Kosielsko, cardenal y príncipe-arzobispo de Cracovia, había presentado en el cónclave el veto de Francisco José I, emperador de Austria-Hungría, a la elección de Mariano Rampolla del Tindaro, -nacido el 17 agosto 1843 y fallecido el16 diciembre 1913- que había sido el Secretario de Estado de León XIII. De esa manera se imponían los conservadores contra los –que podríamos llamar- “avanzados” del momento.
A éste le sucedió Benedicto XV, Giacomo Giambattista della Chiesa, hijo del marqués Giuseppe della Chiesa. Fue pontífice entre 1914 y 1922. De alguna manera con este Papa volvieron a conseguir algunos espacios los progresistas. Fue justamente Benedicto XV quien dio espacio y apoyo a Don Sturzo para crear el Partito Popolare Italiano, desde donde nacería la DC.
Entre 1922 y 1939, ocupó el trono pontificio Pío XI. Su nombre era Achille Damiano Ambrogio Ratti, nació el 31 de mayo de 1859 y murió en el Vaticano el 10 de febrero de 1939. Era profundamente anticomunista y profascista, llegó a sostener que Mussolini era “un hombre enviado a nosotros por la Providencia”, recomendando votar por ellos en marzo de 1928, en los momentos en que habían disuelto al Partito Popolare de Don Sturzo, cuando su Secretario General era Alcide de Gasperi . De alguna manera la Iglesia representaba un colectivo social que no encontraba su camino, enfrentada por un lado a la revolución comunista que había triunfado en Rusia y a los fascismos que se imponían en Alemania e Italia. Su base social e intelectual buscaba afanosamente la forma de interpretar con mayor claridad el mensaje evangélico y eso desataba una intensa y sorda lucha interna.
Sobre la doctrina social de la Iglesia no volvió a publicarse nada, hasta que Pío XI en 1931 -cuando se cumplieron los cuarenta años de la encíclica Rerum Novarum- publicó Quadragesimo Ano el 15 de mayo de 1931. Después llego Divini Redemptoris, contra el comunismo ateo el19 de marzo de 1937 y la Mit Brennender Sorge criticando al régimen nazi en 1937.
A su muerte fue reemplazado por Pío XII, el primer pontífice que no tenia ninguna practica pastoral ya que siempre fue parte de la administración vaticana. Fue un intenso anti comunista y en esta actividad, dio un decisivo apoyo a los católicos que votaban contra los comunistas. En 1948 amenazó con la excomunión a quienes votaran por los comunistas. Fue un activo promotor de la DC, partiendo por pedir a la Acción Católica que poyara a la DC. Procuró mantener un control directo sobre este partido por medio de su propia gente. Esto hizo que se enfrentara con el líder de la DC italiana Alcide de Gasperi, que se independizó de la Iglesia y rechazó cualquier tipo de pacto con la derecha. En cambio de Gasperi fortaleció el acercamiento con fuerzas de izquierda, especialmente los socialistas, quienes –a pesar de la oposición papal- obtuvieron la alcaldía de Roma en 1952.
Pío XII rigió la Iglesia hasta 1958 y fue en definitiva el gran constructor de la DC en el mundo de post guerra.
Entre tanto en Chile, habían sido Arzobispos de Santiago en el periodo correspondiente a esos papas: Monseñor Mariano Casanova y Casanova 1886-1908, Monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre 1908-1918, Monseñor Crescente José Errázuriz Valdivieso 1918-1931, Monseñor José Horacio Campillo Infante 1931-1939, Cardenal José María Caro Rodríguez 1939-1958, Cardenal Raúl Silva Henríquez 1961-1983, Cardenal Juan Francisco Fresno Larraín 1983-1989, Cardenal Carlos Oviedo Cavada 1989-1998 y Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa desde 1998.
Nuestra propia historia
En este contexto nacimos a la vida política chilena. Los jóvenes dirigentes de la Juventud Conservadora, el partido confesional que representaba a la Iglesia Católica, eran casi todos activos militantes y dirigentes de la Acción Católica.
La sociedad occidental y cristiana va avanzando cada día más y mejor en el campo social y Chile no es ajeno a ello. El marxismo –el “comunismo ateo”- la va obligando a ello. La encíclica Rerum Novarum abre un camino definido al cuestionamiento a los explotadores y ricos. Los cristianos –protegidos de alguna manera por la Iglesia- comienzan a dar una nueva interpretación al Evangelio. La sociedad va mirando e interpretando de otra manera las “diferencias sociales” y comienza a descubrir la injusticia social en situaciones que antes le parecían “normales”. Injusto es el que no hace justicia a los otros y, al no hacerlo, los oprime.
Entonces empezamos a descubrir o develar a los oprimidos. Constatamos que ellos son –en todas partes- los pobres. Los pensadores cristianos y pequeños grupos de sacerdotes que trabajan junto y en la base social comienzan a darle contenido ideológico a esta elaboración. Algunas autoridades eclesiásticas las aceptan y otras –la gran mayoría- las entienden como una táctica oportuna frente al marxismo. Los cristianos –muchos, aún sin darse cuenta- estaban aprendiendo a mirar como lo hacía Jesús dos mil años antes. Esta forma de ver a la sociedad no era nueva, venia de los tiempos de Nazaret o más atrás aún, de cuando Moisés asumió la conducción de los “oprimidos” en Egipto.
Los cristianos de los años treinta constatan que existen los oprimidos, comprueban que la diferencia afecta a una gran mayoría y que eso es diferencia de clases.
Para poner una luz al fin del túnel surgen nombres como Mounier, Sturzo o Maritain que nos llegan desde fuera. Aquí son Eduardo Frei, Rafael Luis Gumucio, Rafael Agustín Gumucio, Bernardo Leigthon, el padre Vives, Manuel Garretón, Radomiro Tomic, los que van ayudando a construir una nueva alternativa.
Cuando el Partido Conservador decide apoyar a Gustavo Ross para ocupar la presidencia de Chile, los jóvenes conservadores deciden dejar el partido y en el Teatro Principal fundan el Movimiento Nacional de la Juventud Conservadora que a partir del 14 de noviembre del 36 comenzará a llamarse Falange Nacional y deciden darle su apoyo a Pedro Aguirre Cerda, el candidato del Frente Popular, donde están radicales, socialistas, demócratas y comunistas. Igual hará de Gasperi diez años más tarde.
Ellos han optado por una alternativa cristiana que está enfrentada a las tradicionales alternativas existentes. Ellos han hecho lo que hoy llamaríamos la Opción por los Pobres. Han decidido cuál es el camino que deben transitar como cristianos y como católicos. Frente a ello, la Iglesia conservadora reacciona y el Arzobispo de Santiago les amenaza con la excomunión. Es el momento del dolor, la duda y los exámenes de conciencia. ¿Dejarán la Iglesia? Deciden terminar con el nuevo partido, se mandarán a hacer insignias de plata con la flecha roja como recuerdo póstumo.
Pero interviene el Vaticano y el Arzobispo es cambiado y el nuevo levanta la amenaza de excomunión. La Falange Nacional puede continuar su vida.
Nacimos como partido con la inspiración de los sectores avanzados de la Iglesia Católica, pudimos seguir el camino con la protección de la autoridad eclesiástica progresista que ganaba terreno en el interior de la Iglesia y esto nos permitió llevar un mensaje nuevo y revolucionario a la base social. Mensaje que no fue fácil de comprender, porque aún había una importante fuerza jerárquica en la Iglesia que se oponía a él. Porque el fascismo por un lado y el marxismo por el otro aparecían como más concretos, más claros, más “reales”. Pero se ganó con el Frente Popular y la Falange –lentamente, siguió creciendo, siguió haciéndose carne en la base social. Su mensaje era la reivindicación de los oprimidos, la lucha era por los marginados, la pelea era por los explotados y estos día a día se daban cuenta que era un mensaje verdadero, real. Más allá de las diferencias internas en la Iglesia comenzamos a ser realidad y cuando en ella triunfaron los más avanzados y se inició el Concilio Vaticanos II, nosotros llegamos a la presidencia de Chile.
Porqué fuimos y porqué debemos ser
Cuando comenzamos nuestro andar hicimos una elección. Si bien este andar lo comenzamos a hacer a la sombra protectora de una parte de la Iglesia, hicimos una elección para ello y en ese momento elegimos aquel sector de esa Iglesia que hacía su opción por los pobres y decidía cambiar el curso de esa Iglesia. Además era el sector que nos pedía acción política en el campo político y no sujeción doctrinaria a la jerarquía. Eran aquellos obispos y sacerdotes que leían de una manera determinada el evangelio y que por lo tanto lo entendían de una manera que al pueblo le significaba un mensaje de liberación y justicia.
Asumimos –muchos desde su fe- un compromiso que permitía que la DC fuese y sea hoy “…nacido como partido no católico, aconfesional, como un partido con un fuerte contenido democrático, y que se inspira en la idealidad cristiana, pero que no toma la religión como elemento de diferenciación política", pero que si asumía el compromiso con el mensaje social de Cristo.
De este modo escogemos una opción subversiva. Subversiva porque en lo político nos llevaba a optar por los pobres, Subversiva, porque en el campo de la Iglesia significaba un enfrentamiento con el “ser” general, subversivo porque nos llevaba a luchar en el mismo campo y por los mismos objetivos que el marxismo, subversivo, por- que lo hacíamos con un claro respeto y reconocimiento por cada uno de quienes habitamos la tierra. Subversivo, porque quienes militan en la Falange se enfrentan y pretenden cambiar el sistema capitalista.
Por una parte los integrantes de un grupo de la Iglesia se plantean una Iglesia nueva, una Iglesia del pueblo de Dios, una Iglesia de todos. Por el otro, los jóvenes inspirados en la Doctrina Social de esa Iglesia se plantean una sociedad donde los postergados, los marginados, los pobres, deben convertirse en sujetos de su propia historia, sujetos creadores de una nueva sociedad, sujetos que cambiarán las reglas del sistema, que cambiarán el sistema.
Esta opción por los pobres determina que los militantes ofrezcan a la comunidad un proyecto de sociedad en la cual los postergados -los que hasta ese día estaban marginados- pasan a convertirse en principales sujetos de la nueva realidad.
Esa es la línea fundadora de la Democracia Cristiana. Esa es la motivación protagónica de su papel en la sociedad. Desde esa perspectiva, a partir de esa elección se construye el partido. Es esa posición socio político económica la que llama al pueblo a unirse a nosotros. Es esa propuesta pública, ideológica y política la que los reúne alrededor de aquellos jóvenes que rompieron con el Partido Conservador.
Es la maravillosa utopía a la que hombres como Frei, Tomic, Leigthon o Gumucio y otros cientos anónimos, le dan vida y sentido. Las posibilidades de llegar a la meta, de cambiar las condiciones, de reemplazar el sistema no están sostenidas científicamente, están fundamentadas en la confianza que ellos tienen y la confianza que el proyecto que proponen crea en el pueblo. Eso se repite en distintos momentos a lo largo y ancho del mundo.
Los pensadores sociales de origen cristiano le van dando forma ideológica. Es la opción por los pobres que llega a la política muchos años antes que a la Iglesia. Es la decisión del cambio que se encarna en un proyecto de nueva sociedad donde no debe haber marginados ni oprimidos.
Eso es lo que percibe, descubre y aprehende la comunidad. Por eso los elige y les entrega su apoyo.
Con mayor lentitud –en algunos aspectos- la Iglesia también va leyendo de esa manera el mensaje evangélico y se comienzan a producir los cambios en su interior que sirven de soporte al trabajo político partidario. Se conjugan el verbo creer con el verbo querer. Lo que yo creo de Dios, es lo que Dios quiere para su pueblo.
En Chile un obispo y un cardenal inician la reforma agraria que la DC tiene en su plataforma de lucha.
Nunca –cuando hablamos de política y más aún de política cristiana- debemos olvidar que América –la latina en particular- es un continente donde se impuso el cristianismo al mismo tiempo que nos conquistaban. Eso ha creado un valor cultural que indirectamente hace a la comunidad –de alguna forma- dependiente de él.
La propuesta al pueblo que hace la DC va mucho más allá que el nivel de comprensión lógica de la base social, pero han construido –al hacer su opción por los pobres- una base que hace que depositen en ellos la confianza que el pueblo tiene en sí mismo. Así llegamos a gobernar, así nos hicimos cargo de la dirección de Chile –en nuestro caso- y de muchos países en el mundo entero, incluso de aquellos que habían sido victimas de la Guerra.
Se abre camino la posibilidad de cambiar el sistema. De que el pueblo sea el verdadero actor, el autentico sujeto de su futuro. Si ya el marxismo había producido una toma de conciencia del pueblo frente a su verdadera situación de opresión, el social cristianismo, el socialismo cristiano –que tiene al hombre como objetivo, como personaje central-, le da seguridad en que ese es el camino correcto para conseguir su liberación.
La Iglesia marcha en la misma dirección. Juan XXIII da nacimiento a una nueva Iglesia donde el pueblo es el protagonista. Ella y sus componentes comienza a tener relevancia social. También se preocupan ahora de no persistir en la sordera frente al clamor de los oprimidos. Está llevando al pueblo la Buena Noticia que trajo Cristo para los pobres.
Los teólogos católicos, liderados por el peruano G. Gutiérrez dan nacimiento a la teología de la liberación. Gutiérrez afirma que la motivación concluyente para optar por los pobres es una motivación teologal. “Digámoslo con claridad: la razón última de esta opción está en el Dios en quien creemos. Decimos “fundamento último” para el discípulo de Cristo, porque puede haber, y hay, otros motivos válidos: la situación del pobre hoy, lo que el análisis social de ese estado de cosas puede enseñarnos, la potencialidad histórica y evangelizadora del pobre, etc. Pero, finalmente, la razón de la solidaridad con los pobres –con su vida y su muerte- está anclada en nuestra fe en Dios, en el Dios de la vida. Se trata para el creyente de una opción teocéntrica, basada en Dios”.
Todo esto significa que los jóvenes conservadores -provenientes casi todos ellos de la Acción Católica- que inician el andar de la Falange Nacional en 1935, lo hacen vinculados profundamente a las internas que se daban en el interior de la Iglesia y en el pueblo católico.
Tengo frente a mí un cuadernillo publicado en 1944. Con el titulo “Una polémica sensacional” Jacques Maritain, un comentario por Rafael Luis Gumucio. Son 88 páginas con los textos de un debate sostenido en “El Diario Ilustrado” –órgano oficial del Partido Conservador, en torno al pensamiento de Jaques Maritain, mantenido por el Prebendado Luis Arturo Pérez -del Arzobispado de Santiago-, con Javier Lagarrigue a consecuencias de los comentarios que el dignatario eclesiástico hiciera de un capitulo de la obra de Maritain, publicado en “Nuestro Tiempo”-el diario de la Falange-, “Los Derechos del Hombre y la Ley Natural”. En él, el Prebendado advierte a los jóvenes falangistas: “Repetimos, porque conviene grabarlo bien: S.S. el Papa Pío XII acaba de recordar a los jóvenes que andan del brazo con los comunistas, que lean la encíclica Divini Redemtoris de Pío XI”.
A los jóvenes que publican en su órgano de formación intelectual ideas tan erróneas, como las que hemos comentado, ¡no se les podría recomendar la lectura detenida de las encíclicas Imortale Dei Libertas de León XIII!
Gumucio en respuesta a una solicitud de Eduardo Frei Montalva hace un largo comentario sobre ella y casi al final, dice: “La Falange Nacional, siguiendo valientemente direcciones pontificias, da con audacia la nota del pensamiento social cristiano y penetra en las masas, porque sabe traducir en conceptos católicos sus ansias de liberación y de justicia: si llegara a desaparecer, perdería el país una fuerza de renovación y se dejaría a la clase media y a la clase obrera entregadas sin contrapeso al dominio del marxismo”
En esta discusión, de la que participó el propio Maritain, queda demostrada palmariamente cuál es la línea fundadora del partido. El saber “…traducir en conceptos católicos…” los conceptos de liberación del pueblo.
En esta breve síntesis he querido resumir en grandes pinceladas lo que entiendo que es la línea fundadora de la DC y su relación –intima, carnal, definitoria- con las internas de la Iglesia. Con esto no quiero decir que la línea fundadora nos indique que debemos caminar a la sombra de la Iglesia. La línea fundadora dice que nacimos como parte de la lucha interna de la Iglesia y que es en esa lucha donde debemos tomar partido.
¿Por qué esto? Porque pienso que necesitamos rever por ese lado nuestra acción y nuestro camino al futuro. Porque me parece que es necesario recordarlo para que olvidemos –al menos como problema central- el problema de tácticas políticas y de nombres políticos, para que nos detengamos –al menos unos minutos- en la definición ideológica y estratégica que nace desde nuestra propia línea fundadora.
Una especie de sinopsis
Cuando inicié este documento dije que nuestra línea fundadora está centrada en la opción por el sector emergente de la Iglesia, por el sector que planteaba objetivos sociales nuevos a la Iglesia y que en ese momento era el sector minoritario dentro de ella.
Esa opción asumida por nuestro fundadores, en Chile y en el mundo –pero aquí quizás con mayor antelación por no haber existido la dominación fascista- hizo que marcháramos casi conjuntamente con el “amanecer” en el interior de la Iglesia. Hizo que la comunidad respondiera con algún grado de facilidad a nuestro mensaje. Primero movida por la necesidad de justicia social, esa necesidad que habían dejado al descubierto Marx y Engels en el siglo XIX y que para los católicos y cristianos había hecho palmaria León XIII y afirmado Pío XI.
Lo concreto es que los fundadores de la Falange Nacional construyeron un partido en el cual su línea fundadora está marcada por la presencia o por la acción de los sectores “avanzados” de la Iglesia de su tiempo.
Esa línea fundadora fue la que le dio –pausadamente- validez como alternativa política frente a la comunidad en su conjunto, que responde a un valor cultural impuesto desde arriba. Este es un fenómeno absolutamente latinoamericano, que se diferencia del europeo y del argentino y el brasilero.
Lo nuestro tiene una explicación desde la percepción que la sociedad hace del mensaje evangélico impuesto desde arriba por el conquistador. Entre los europeos el fenómeno es diferente y no voy a entrar a detallar ahora esto, solo puntualizaré que es el pueblo europeo quien construye su alternativa cristiana, perseguido y martirizado en la Roma imperial.
En América –me refiero al continente- existen dos tipos de países. Los conquistados y los colonizados.
Los primeros son aquellos a los que llegaron los conquistadores, bajaron de sus barquitos, les rompieron el cu… a los nativos y crearon una clase dirigente –una especie de nobleza local, de derecha o de izquierda- que ha seguido dominando a los habitantes de la región.
En las sociedades organizadas por los “conquistadores” el paternalismo y el servilismo se han convertido en una característica común. A ello se puede sumar el arribismo, la dependencia y algunas otras, como en muchos casos, la falta de identidad propia.
Los países colonizados son aquellos que crearon políticas de atracción a los inmigrantes –especialmente en los siglos XIX y XX- y con ello integraron a sus sociedades a miles y miles de inmigrantes que con sus propios proyectos de vida crearon un proyecto de país.
A este grupo pertenecen el Canadá, USA, Brasil –quizá, exceptuando el nordeste- y la Argentina.
Esos inmigrantes –muchas veces analfabetos- aportaron un grado de ilustración que los “criollos” no tenían. Aportaron sus propias expectativas de construcción de futuro –necesario para sobrevivir en un medio extraño y ajeno a sus culturas y subculturas-, y con ello impusieron una dinámica social diferente al país receptor lo que le dio otra forma de desarrollo, donde su presencia fue decisiva.
En esos cuatros países los desarrollos puntuales son diferentes, pero comunes en cuanto al cambio de la dinámica social.
El Canadá continúa con su política de atracción de inmigrantes, en USA estos tuvieron acceso a la propiedad de la tierra, en la Argentina recién el peronismo -a partir de 1946-, los integró realmente a su sociedad. En Brasil el proceso también ha sido diferente, con un fuerte desarrollo participativo a partir del mensaje evangélico y del desarrollo de la Teología de la Liberación.
Esa característica los ha convertido en los países de mayor relevancia del continente. En el campo agropecuario, de las ciencias, los deportes o la industria y el comercio, desde hace más de un siglo esas cuatro naciones llevan la delantera, no sólo del continente, sino en el mundo en general. Las posibilidades de sus comunidades son absolutamente diferentes a las del resto del continente.
Esto sólo tiene validez para ubicarnos plenamente en el plano social en el cual se desarrolló nuestro partido, aunque sé que a nosotros los chilenos nos gusta que se nos considere los “-…más cultos de América, los más valientes de América, los más…”
El hoy y el ahora
Hemos perdido o hemos bajado nuestra votación –como prefiera la susceptibilidad personal de cada uno- en las elecciones de octubre. Renunció Soledad, asumió Burgos. Ahora Burgos renuncia a postularse a Presidente. Ricardo Hormazabal manda una carta abierta en la cual califica o descalifica –cada lector elija qué hace- a sus contendientes. A otros les llaman generación de renovación o de Osama, en fin se usan mil medios y supuestos análisis para explicar la derrota.
Cuando le escribí a Soledad con motivo de su renuncia le anuncié este documento que estaba comenzando a preparar. Para muchos resultará un instrumento lato, extenso, que a lo mejor no condice con la “celeridad” de la política de hoy y ahora. No lo creo así. Creo que quien lo lea, encontrará algunos elementos que le permitirán visualizar los orígenes de nuestro continuo descenso, que simplemente se aceleró frente a la realidad objetiva del hoy.
El ahora y el hoy necesita ser visualizado desde una perspectiva distinta a la de los hombres, los nombres, las proposiciones o los métodos. El hoy y el ahora necesita ser analizado desde el sentir social, desde la percepción de las personas, desde sus valores culturales –los profundos, los constituyentes del ser-, que son los que le permiten visualizar su hacer. Por ello he llamado a ustedes a repasar o repensar lo que fue nuestra línea fundadora, aquello que le dio vida a la Falange Nacional y que llevó a la Democracia Cristiana al lugar expectante que ocupara hasta no hace muchos años.
Alejamiento de la línea fundadora
Hay un momento que marca una inflexión. Hay un momento en el cual se señala un alejamiento de la línea fundadora y que marca indeleblemente la ruta de apartamiento permanente. Parece que se ha perdido el rumbo. Estamos en la etapa de los “profesionales políticos” que hacen “política” y bajan lineamientos desde arriba. Cuando en 1970 gana las elecciones la Unidad Popular los DC nos olvidamos de los años 30 y del Frente Popular, nos olvidamos de las razones por las que habíamos llegado y no fuimos capaces de leer lo que la base social interpretaba. Asumimos el papel que en 1944 nos exigía el Prebendado Luis Arturo Pérez –que no aceptaron los falangistas- al “…recordar a los jóvenes que andan del brazo con los comunistas, que lean la encíclica Divini Redemtoris de Pío XI”.
Así comenzó nuestro deambular sin destino. Algunos nos fuimos de la DC y formamos la IC, en ella unos pretendimos continuar con el espíritu de línea fundadora, la opción por los pobres, por sobre la opción por los intereses partidarios. El entendimiento con los sectores avanzados de la Iglesia. No de la de Chile, de la Iglesia Universal, como habían hecho en los 30 los fundadores al optar por la Doctrina Social de la Iglesia.
Durante ese tiempo se fue profundizando en el interior de la Iglesia el proceso de cambio. El Concilio Vaticano II había creado –prácticamente- un Iglesia nueva. La eucaristía se consagraba de frente al pueblo y en el idioma del pueblo. En miles de lugares del mundo los fieles dialogaban con el sacerdote durante la prédica del evangelio, la participación de la comunidad cristiana era una realidad y para llegar a eso nosotros los DC -en Chile y en el mundo-, habíamos jugado en papel importante porque habíamos hecho política desde la doctrina social de la Iglesia. En ese momento esa doctrina se profundizaba, se agudizaba, asumía mayor protagonismo, especialmente cuando el marxismo se había visto profundamente conmovido por las denuncias al estalinismo y la falta de protagonismo del pueblo en el proceso del llamado “socialismo real” que se radicaba en el Este de Europa y que tenía como muestra “local” a Cuba.
Esta Iglesia nueva marco rumbos que los cristianos “criollos” no “conocían” pero que hicieron suyos porque nacía de los propios cristianos de base.
La comunidad, la base social latinoamericana la entendía y se apropiaba de ella. Los propios militantes marxistas encontraban en ella una forma de acercamiento a sus “compañeros” cristianos. Cada día había más sacerdotes comprometidos con los pobres. Es la Iglesia que repite con Lucas “…dichosos vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”
Los obispos –universalmente- van respaldando esta Iglesia catecúmena que ve renacer el protagonismo del pueblo en la conducción de ella.
¿La DC que hacía entonces? Traten de recordarlo. Estaban preocupados del futuro del partido, les inquietaba el futuro de “nuestros dirigentes” o el futuro de nuestra clase política.
En el interior de la Iglesia se agudizaba la lucha. Parecía que la “renovación” era imparable. Pero los viejos cuadros –protegidos o apoyados por el capitalismo- no cejaban en su esfuerzo de recuperación de la “ortodoxia” tradicional.
Así como el poder político había visto en Jesús una amenaza que había que eliminar, así veían hoy a esta Nueva Iglesia como amenaza y Monseñor Romero dirá que “…quien predica la verdad de la Palabra de Dios, quien defiende de verdad a los preferidos de Dios, los pobres, estorba y al que estorba hay que eliminarlo”. El mismo fue eliminado por el poder político.
Creo que la DC no fue capaz -como partido y como dirigentes- de captar esa realidad. Habían pasado de ser los “apóstoles” de la nueva política del pueblo a ser “políticos profesionales”, como hoy la gran mayoría. Habían dejado de ser los portavoces de una nueva concepción de la realidad, para ser “su” propia realidad. Dejaron de sentir como personal la “interna” de la Iglesia.
Cuando se produjo el golpe militar, se vieron sorprendidos. Unos recordaron sus orígenes y levantaron su voz en contra. Otros lo celebraron como si fuera de ellos y la gran mayoría lo ignoró como si existiera un resultado natural frente a un gobierno marxista.
Ahora fue la Iglesia la que tomó la delantera. Su posición fue diáfana y concreta. Su objetivo fue claro desde un comienzo. Estaba alumbrada por la nueva luz. Aunque en Chile la Teología de la Liberación nunca fue protagónica, la posición de su jerarquía estaba alumbrada por el espíritu del Vaticano II.
La DC supo en ese momento –seguramente por la presencia aún de tantos fundadores- recuperar el espíritu de su línea fundadora y se alineó junto a ellos. Esa fidelidad a sus orígenes le permitió recuperar lo que podía haber perdido por la traición de algunos.
Pero al interior de la Iglesia universal continuó la lucha. Los grupos reaccionarios ganaban terreno en su interior. Murió Pablo VI y llegó Juan Pablo. Poco a poco hombres como Ratzinger se fueron adueñando del Pontificado. Así se fue alejando de la comunidad. El Vaticano II comenzó a ser cuestionado por la nueva Jerarquía vaticana. Los nuevos teólogos surgidos en América Latina comenzaron a ser perseguidos como los cristianos de la antigua Roma. Juan Pablo II mostró su gran capacidad política y su nula capacidad estratégica. La Iglesia perdió al pueblo.
La DC perdió el rumbo. Dejó de lado la lucha interna de la Iglesia, no asumió la Teología de la Liberación y con ello fue perdiendo al pueblo. De alguna manera se sumo al grupo de Juan Pablo, al grupo –en realidad- de Ratzinger. En Chile la Iglesia se resistía. El Nuncio Sodano apoyaba a la dictadura. Sacaron a Silva Henríquez. Más tarde como Secretario de Estado, Sodano postergaría por años el capelo cardenalicio a Carlos Oviedo Cavada.
El pueblo se sumió –como consecuencia de ello- en una realidad incomprendida y la DC no se adjudicaba, no asumía una realidad que mostrarles.
El camino a seguir
Es posible que piensen ¿Quién es este que da instrucciones? No doy, ni pretendo dar instrucciones, sólo sugiero formas de mirar el futuro.
La Concertación hoy es la realizadora de un Gobierno neoliberal de alto “rendimiento”. Me recuerdo que siendo presidente de la Mesa de Encuentro en Buenos Aires, donde nos reuníamos los partidos opositores a la dictadura y del que formaban parte personas como Edgardo Condeza, Luis Gustavino, Oscar Carretón, Julián Echavarrí, Francisco Ossio, Jaime Gazmuri, entre otros, dialogábamos entes del NO sobre qué hacer si llegábamos al Gobierno. Una cosa teníamos claro. La estrategia era el cambio, a la democracia, participación y a una nueva economía –para no dar ningún apelativo-, pero teníamos claro que tácticamente, en los primeros tiempos no podríamos tocar el sistema económico estructurado por la dictadura, porque sería el propio pueblo el que nos echaría del poder si lo hacíamos. Así se hizo cuando se llego al Gobierno. Lo lamentable es que seguimos haciendo lo mismo después de todo el tiempo transcurrido.
La DC no ha hecho la Opción por los Pobres, no opto por la Teología de la Liberación. Por los marginados, los perseguidos y eso nos ha apartado totalmente de línea fundadora.
La caída del socialismo
Cuando cae el socialismo “real”, cuando desaparece la Unión Soviética y poco a poco termina le experiencia en cada uno de los países de Europa del Este, una gran mayoría piensa que es el triunfo definitivo del capitalismo. Que la caída del socialismo “real” marca definitivamente que es el capitalismo el sistema económico y político que se impone en el mundo.
Personalmente no creo que sea así. Además la presente crisis lo demuestra lúcidamente.
Estoy convencido que el fin de la Unión Soviética no es un triunfo del capitalismo, sino que es el triunfo del pueblo que busca su libertad. En Europa del Este el fin del sistema existente hasta entonces, marca el triunfo del pueblo por sobre una experiencia leninista de partido único que resulta totalitaria y por lo tanto equivocada al avasallar al hombre que quiere ser sujeto y partícipe de su propia historia. También se debe a la indignidad, villanía e inmoralidad estalinista. Eso es lo que lleva a los pueblos del Este a terminar con la experiencia vigente y buscar otro camino para construir el socialismo, Después la base social es traicionada por los intelectuales y burócratas, que sí se entregan al capitalismo. Pero debemos tener claro que el socialismo no murió, que cayó un sistema equivocadamente construido. Este es un tema que –al menos- conozco ya que mi tesis para el grado de Magíster en sociología para el Instituto de Ciencias de la República Checa y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, de Argentina, es sobre el nuevo comunismo en Europa del Este.
Cuando se analiza ese hecho no podemos perder de vista la verdad y la verdad es que el socialismo hizo la revolución. Nosotros –parte del tercer mundo- sabemos por vivencia qué es el hambre y el socialismo terminó con ella en el este del continente europeo.
Nosotros estamos llenos de poblaciones “callampas” o “villas miseria” o “favelas”, En los países socialistas eso no existía. En la Habana mueren menos niños que en USA, porque el sistema de salud para el pueblo existe. En Checoslovaquia todo el mundo comía tres veces al día, en Brasil Lula lucha por que el menos coman una vez por día.
En el sistema capitalista los pobres sólo tienen un camino, la pauperización. Por ello es que la Iglesia Latinoamericana, fue la Iglesia de los pobres. Por eso millones de personas seguían a Monseñor Romero, al Padre Gutiérrez o a Leonardo Boff.
En Chile eso es casi desconocido. La DC estuvo lejos, muy lejos de esa lucha interna de la Iglesia. Lucha en la que se impusieron los Ratzinger y que la dejó sin pueblo, sin vocaciones religiosas, sin base social. Por eso hoy tampoco la tenemos nosotros. No es problema de hombres o de nombres –solamente-, es problema de pérdida de vigencia de la línea fundadora que nos hace perder el objetivo final.
Una explicación necesaria
Este documento pretende –como lo dije antes- ser camino de reflexión ideológica, de meditación política. Debemos asumir la diversidad como camino a las soluciones. Algo así como lo que proponía Edmundo Pérez hace algunos años cuando estaba en el Ministerio de Defensa y que conversamos cuando yo era Secretario General de la IC concertacionista y queríamos regresar a la DC.
Pero más allá de esos objetivos que podríamos llamar puntuales, el objetivo central es que pensemos sobre la línea fundadora y entendamos porqué es vital recuperarla. De otra manera está marcado el fin de la DC, como ha terminado en otras naciones –por no decir en la gran mayoría- del mundo.
He utilizado para trabajar en esto un análisis desde la antropología social que nos hace medir y sentir la realidad de una sociedad, de un pueblo. Por ello tomamos en cuenta para entender cómo reacciona y cómo actúa una comunidad, los valores que ha acumulado, construido por sí misma durante su desarrollo como tal. Debemos ser capaces de entender ¿Por qué desertaron, huyeron, más de 2.600 hombres –de unos 3.500- de las fuerzas de Carrera antes del ataque realista en Chillán? ¿Por qué en San Carlos durante la noche desertaron la mayor parte de los soldados “patriotas”? Debemos saber que O`Higgins había formado el Regimiento nº 2 La Laja, con sus “…propios inquilinos y de los vecinos inmediatos. Por eso quería ser Coronel del regimiento. Es importante comprender como nacen los “Benavides” que poblaban los campos chilenos y que nosotros jamás conocimos, estudiamos o vimos, pero que son parte real en la historia social de nuestra comunidad nacional.
¿Cómo leemos del periodo colonial, más allá de la visión de los privilegiados? ¿Qué sabemos de la Independencia, más allá de los intereses de la clase dirigente? ¿Sabemos del reclutamiento forzado del bajo pueblo? ¿Sabemos, entendemos, que al pueblo lo usaron los poderosos para independizar al país? ¿Cómo entendemos la Guerra del Pacifico, más allá de los intereses imperialistas de la dirigencia chilena? ¿Sabemos de esos millares de muertos que se desconocen, sabemos qué huella dejaron en sus familias, en su grupo social? ¿Entendemos como piensa un hombre de las fuerzas armadas que es adiestrado para asesinar? Siempre, no sólo en una dictadura.
El pueblo sabe que de aquellos que no existen tumbas ni monumentos son los que murieron para “independizar” el país, “sabe” –intrínsecamente- que lo llevaron obligado a esa guerra, como al Perú en 1879 o como a asesinar militantes de la UP en 1973.
Realmente ¿Sabemos por qué los mapuches resistieron durante 300 años a españoles y criollos? Esa resistencia aporta a los valores culturales del pueblo. Esa resistencia no es por valentía, es por que Lautaro se apoderó y socializó la tecnología del uso del caballo y los mapuches lo usaron sin bridas, sin montura y sin estribos y asolaron el sur de Chile y la pampa argentina, llegando hasta Buenos Aires.
Hoy nos manejamos “versadamente” con los adelantos que la ciencia y la técnica nos proporciona. Las técnicas del marketing, los resultados de la encuesta, el sondeo social, etc. El marketing es un señuelo corporativo que permite crear virtualidades para proponer que es el proceso interno de una sociedad mediante el cual se planea con antelación cómo aumentar y satisfacer la composición de la demanda de productos y servicios de índole mercantil mediante la creación, promoción, intercambio y distribución física de tales mercancías o servicios. ¿Eso usamos en política?
La encuesta es una metodología donde se pregunta lo que se quiere que se responda. En fin hay más cosas para pensar, pensémoslas, porque ¿qué sabemos de la percepción, de la interpretación que la comunidad da a los mensajes?
Los valores que atraviesan al pueblo y que dan forma a su cultura no es el que podemos medir ·”estadísticamente”
Cuando en la Patria Vieja realistas y patriotas lidiaban por el poder, el pueblo chileno creó su propia forma de levantamiento y ese fue la deserción y la fuga. ¿Lo estudiamos, lo entendimos alguna vez? Los “patriotas” decretaron la pena de muerte para los desertores de un pueblo que estaba indiferente frente a su lucha con los realistas. Cuando en Concepción fueron fusilados cinco peones, uno de ellos confesó –no por la Tele lógicamente- “…que no sólo no sabia la causa de su muerte, pero ni tampoco si había o no guerra, ni por qué razón” Era la lucha de las elites antipopulares por sus intereses. ¿Se puede parecer eso en algo a la próxima elección presidencial?
El pueblo, la comunidad nacional posee valores que ha construido desde si mismo. Valores que determinaron su condición de vasallaje y la opresión. Estos valores te levan a transitar el complejo de inferioridad que hace que seamos tan “chino Ríos” para sentirnos lo mejor del mundo. Esos valores nos hacen ser serviles frente al poder. Pero también esos valores propios creado por la comunidad, por el pueblo “no versado” lo lleva a un crónico estado o deseo de insubordinación, deseo que comparte con una dosis de picardía que le permite, por una parte disimular o disfrazar su insubordinación y, por la otra soslayar o soportar mejor la opresión. Otro rasgo valórico que ha dado la opresión vivida, es la escondida “falta de respeto” que posee nuestra comunidad.
Nuestra historia muestra que hasta el surgimiento de la DC, ningún otro movimiento afecto tan profundamente a la comunidad. La Independencia no tuvo especial significado para la inmensa mayoría del pueblo, por que se mantuvieron las formas estructurales de explotación y opresión que obligan –aún hoy-, a la gran mayoría de la comunidad a vivir explotado.
Hasta la llegada de la DC al Gobierno y el posterior Gobierno de la UP, los cambios había sido solo de administración que servían siempre para consolidar los mecanismos de exclusión. Desde 1964 se produce el cambio y comienzan a ser actores quienes solo habían sido servidores.
Mirado desde ese ángulo de análisis podemos entender porqué la posición interna de un grupo de la Iglesia que se define por los postergados, por los oprimidos, por los pobres, es entendida y asumida por un pueblo, aunque ni el individuo -e incluso el colectivo- sea católico. Aunque se sienta alejado de esa misma Iglesia. Esto porque una gran mayoría de los chilenos posee en su antropología social una formación, un valor que lo acerca a ese grupo de la Iglesia. Ese catolicismo impuesto por el dominador durante la conquista es parte integrante de nosotros, entonces “naturalmente” nos motivan sus problemas. Si hay gente que está a “favor nuestro” nos movilizaremos, si no miraremos desde “fuera”. También es parte integrante de él su condición de oprimido, de marginado, de pobre. Nacimos en esa condición y nunca dejaremos de reivindicarla. Sabemos lo que es vestirse con ropa usada de los “parientes”, sabemos lo que es vivir 6 o 7 en una misma pieza, donde se come, se juega, se estudia. Por eso cuando la Falange lanzó su mensaje, éste llegó a lo profundo de la base social.
Preguntas para sugerir
¿No podemos tener universidad para todos? Esa es una opción por los pobres que nosotros no hemos hecho o hemos soslayado con los créditos universitarios, que es una falsedad capitalista.
¿Los niños, los jóvenes, los adultos y los viejos deben morir por falta atención en salud? Esto significa una opción por los pobres. No podemos abandonarlos a las Isapresa del capitalismo explotador que acusó en 1881 León XIII.
¿Debe existir un sistema de ahorro obligatorio que no significa previsión social? Esa es una opción por los pobres para terminar con un régimen que hace más ricos a los ricos propietarios de las AFP con el dinero de los pobres.
¿Debemos construir caminos y túneles bajo el río? Si optamos por los pobres sí los construiremos, pero para llegar a Renca, Pudahuel o Conchalí.
¿Podemos mejorar los salarios más allá del 1% de mejoría que han tenido en los últimos 13 años? Sí podemos, esa es una opción por lo pobres que debemos asumir. No subsidiar, sino hacer justicia.
¿Podemos defender el empleo? Debemos hacerlo, es nuestra opción por los pobres. Ya las grandes empresas del cobre comenzaron a despedir trabajadores. Debemos obligarlos a que las inmensas utilidades que ya se embolsaron, sirvan para proteger el empleo.
¿Qué nos diferencia de la Alianza? Nada en el proyecto, sólo que ellos son neoliberales de nacimiento y nosotros prefabricados. Lo único que nos puede diferenciar es la opción por los pobres.
¿El pueblo puede entender un mensaje de cambio? Si optamos por los pobres, confiará en nosotros y sí lo entenderá, como lo entendió hace setenta años atrás.
Leonardo Boff en uno de sus trabajos menciona al poeta cubano Roberto Retamar que dice que “…el ser humano está habitado por dos hambres, el hambre de pan, que es saciable, y el hambre de belleza, que es insaciable”. Yo diría que los fundadores buscaron luchar por esta segunda expresión del hambre y al mismo tiempo -a través de ella- saciar el hambre de pan. Nosotros lo olvidamos.

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